jueves, mayo 30, 2013

Interpretación del escupo en la cara de Bachelet.

Ayer en la noche todos los noticieros nos mostraban hasta el cansancio la escena de un joven que insulta y escupe en la cara de la ex presidenta y ahora candidata del PS Michel Bachelet. De verdad es una escena vergonzosa, violenta y condenable, una insolencia y un abuso por donde se lo mire, pero sin embargo -sin querer justificar este hecho por cierto reprochable-, también existe una infamia por parte de los medios de comunicación masiva al tratar y presentar esta noticia de manera redundante, en donde solo se enfatizan los juicios de repudio hacia la conducta violenta de este joven estudiante ariqueño que agredió a Bachelet, pero lo malo es que el tratamiento mediático de esta noticia solo se queda en la superficie y evita deliberadamente analizar en profundidad la significación de este hecho, por lo tanto, el mensaje se reduce solo a la idea del repudio, la condena, la criminalización y el aislamiento del hecho, sin relacionarlo con el contexto político social del Chile actual.


Lo mismo pasó antes con el caso de la estudiante secundaria María Música Sepúlveda, la cual el año 2006 le arrojó medio jarro de agua en la cara a la señora Mónica Jiménez, la entonces ministra de educación  del gobierno de Michel Bachelet, en esa oportunidad a esta joven los medios de comunicación la juzgaron y reprendieron moralmente sin tratar siquiera el contexto de indignación que llevaba a los estudiantes secundarios a movilizarse. Lo mismo  sucedió hoy con el caso del señor que le arrojó huevos al candidato de la UDI Pablo Longueira en Concepción, la prensa de la TV chilena continua con el mismo tratamiento noticioso, solo criminaliza y no toca el fenómeno social de fondo, no indaga, no reflexiona, solo juzga a priori ( o prejuzga) de forma automática, y no alcanza a leer los signos de la indignación ciudadana, la desesperación, el malestar de la gente común,  pues solamente se hace parte de ese bloque político-comunicacional monolítico y hegemónico que aísla y subestima a las voces disidentes.

Repito, no justifico el escupo en el rostro de Michel Bachelet, sería mil veces mejor buscar otro modo, un modo adecuado, correcto y respetuoso para enrostrarle a la señora Bachelet su responsabilidad política y la complicidad de su coalición -la Concertación-  en el malestar de nuestro pueblo. Pero me inclino a pensar  que estos hechos no son simples, y no se trata solo de anomalías aisladas, porque tanto  los escupos, los huevazos, y otros actos irrespetuosos y destemplados, son en el fondo intentos violentos y desesperados de hacerse escuchar, y  se dirigen con rabia hacia ciertos personajes de la política chilena son actos sintomáticos que merecen un al menos un análisis socio-antropológico.

No basta con condenar la violencia venga de donde venga a la ligera, sin reflexión. Las causas de la violencia, el descontento, el malestar y la frustración política de muchos chilenos la debemos buscar en la exclusión social, el abuso y la profunda injusticia que debemos soportar en este sistema ilegitimo y antidemocrático, sustentado en la Constitución militar de 1980, y un sistema binominal que tanto la Concertación como la Alianza se empeñan en defender porque al parecer les acomoda. Finalmente la transición a la democracia fue una estafa, la democracia real y participativa nunca llegó a la mayoría de los chilenos.

Por eso no basta con solo condenar la conducta antisocial, hay que llegar a solucionar las causas sociales de la violencia política. Debemos recuperar la democracia, y los políticos deben recobrar la confianza de la ciudadanía, antes que tratar de hacerse respetar por la “autoridad” que les brinda su posición de poder, y el respeto que impone finalmente la fuerza represiva que los defiende. Los políticos o los que quieran ser políticos en Chile, tienen que entender de una vez por todas que tienen que ganarse primero el sincero aprecio y la confianza del pueblo, basta de “autoridades” y figuras políticas intocables, que no representan a nadie más que a sus propios intereses y ansias de poder.

La prensa masiva chilena insiste solo en  criminalizar la protesta social, ya sea de los estudiantes, trabajadores, pobladores, pescadores o mapuches, esto a la larga, es una pésima política, que solo aumenta el conflicto y la distancia entre la ciudadanía y los políticos que solo representan los intereses de la élite económica del país.  

Hacer eco del repudio generalizado que provoca este hecho violento y grosero de escupir el rostro de una mujer, una candidata a la presidencia, y no atender las causas que motivaron este hecho, es hacer una clara maniobra política de defensa de estatu quo. El no querer leer estos fenómenos político-sociales de descontento, como son las señales detrás del escupo en la cara de la Señora Bachelet, es una decisión político-estratégica de conveniencia, porque bien que los medios de comunicación  leen e interpretan en detalle cualquier fenómeno cotidiano como una señal política-económica cuando se trata de temas de mercado, pero no hilan fino al momento de leer e interpretar los fenómenos político-sociales.


Pero lo que está claro en este hecho –repudiable insisto– es que el escupo en la cara de la candidata, es también un signo o síntoma social que merece una lectura más profunda, pues no se analiza, no se relaciona el hecho con posibles causas o motivaciones sociales, de malestar, angustia o desesperación,  para así poder comprender el fenómeno y e intentar solucionarlo de raíz. Pero desde arriba  no existe voluntad de ceder, solo se insiste en repetir la misma fórmula,  limitar y aislar el hecho puntual del descontento y el malestar, como si fuera un punto negro, un tumor a extirpar, desvinculándolo de su contexto social, de sus causas humanas y sentidas, para finalmente insistir en la criminalización, clausurando cualquier posibilidad de comprender lo que no se quiere ver ni escuchar. 

miércoles, diciembre 19, 2012

Profecía Maya, el fin del Mundo y el suicidio colectivo:

Nuevamente los rumores del fin del mundo corren por el aire, ahora son las profecías del calendario maya las que
signan el fin de este tiempo.


En estos malos augurios y rumores que hablan de catástrofes como tres días de obscuridad, terremotos, colapso de las comunicaciones y suministros de energía, en fin en todas estas supuestas amenazas a la humanidad, pareciera existir en el fondo una profunda sensación de malestar colectivo, un malestar social y espiritual generalizado. El año 2000 vivimos una paranoia similar a nivel mundial, con fanatismos religiosos y apocalípticos, sectas suicidas, grupos de creyentes que se despojaban de todos sus bienes y se guarecían y en sus bunkers antiatómicos o se preparaban para evacuar el planeta en naves extraterrestres o construían arcas como la de Noé para salvar del diluvio.

Pero parece que estos presagios apocalípticos esconden en lo profundo un fenómeno psicosocial que es recurrente a través de la historia y siempre nos ha rondado. Recuerdo una conversación que tuve con mi Nonna –mi abuela paterna– en la cual ella me contaba que sus padres –en Iquique– cuando esperaban el año 1900 estaban muy nerviosos, porque también en esa época corrían rumores de que se acabaría el mundo y vendría el juicio final. También me dijo que 10 años más tarde, todo el mundo volvió a angustiarse y a pensar en el apocalipsis cuando vieron al cometa Halley acercarse a la tierra. Pareciera que en este tema, en lo profundo, en el inconsciente colectivo de todos nosotros –siguiendo las ideas de Carl Gustav Jung– existe una imagen arquetípica del fin del mundo, que pre-figura este acontecimiento, así como también existe una imagen arquetípica del origen del mundo; y es así como existe una gran cantidad de mitos y relatos en diferentes culturas, así como de tradiciones religiosas y filosóficas que se articulan en función de estos arquetipos, por ejemplo, para nuestra civilización judeo-cristiana occidental los mitos bíblicos de la creación están en el génesis, y los del fin de los tiempos están en el apocalipsis y el juicio final; marcando los momentos-eventos míticos de un comienzo y un final, un momento de creación y su correspondiente opuesto (y necesario) momento de destrucción o final, y así se estructura el relato cronológico y lineal de la historia mítica de occidente. Pero lo interesante es que los nuevos mitos urbanos contemporáneos se adaptan a esta estructura mítica ancestral, solo que le agregan nuevos elementos a esta trama dramática, construyendo un relato hibrido en donde aparecen mezclados los mitos del calendario Mayas, los mitos de futuristas o de ciencia ficción de contactos extraterrestres, o el misticismo oriental del hinduismo, del lamaísmo o el zen, interpretado por un paradigma bio-energético-místico muy poco riguroso. Pero en el fondo, creo que en este último presagio de la profecía Maya, del fin del tiempo, de las tres noches de obscuridad o el mito seudocientífico o new age de la alineación de los planetas, el cambio del eje terrestre, las tormentas solares, la lluvia de fotones, o la inversión de los polos magnéticos, tal vez detrás de todas estas profecías catastróficas y malos augurios, existe un fenómeno de proyección psicológica de nuestras fantasías y nuestros temores, tal vez esta imagen del fin del mundo es una imagen de nuestro inconsciente colectivo, que ante el desgaste de nuestra civilización y su modelo político-económico-global dominante (el capitalismo depredador) y sus nefastos efectos sobre el medio ambiente y la humanidad), ante tanto egoísmo, tanta insensibilidad, tanta maldad y franca decadencia de la humanidad, nuestro inconsciente colectivo al no ver una salida plausible o viable, prefiere destruirlo todo de una vez por todas y lanzarse al suicidio colectivo –como dice Franz Hinkelammert–, y así de esta forma la idea del fin del mundo (de ahora) funciona como una metáfora de nuestra civilización contemporánea, que proyecta su suicidio colectivo en un final catastrófico predestinado, y de esta forma se absuelven las culpas y las frustraciones de todos nosotros por no encontrar una solución creíble a todos los grandes y urgentes problemas reales que debe enfrentar de forma responsable nuestra civilización en el presente.

martes, abril 27, 2010

Alebrijes, Demonios, Chamucos y Supay,s

Alebrijes, Demonios, Chamucos y Supay,s


En México las artesanías y el arte popular es muy vital tanto en el campo como en las ciudades, tanto en el Distrito Federal como en Oaxaca existe una tradición artesanal muy interesante y es la confección de Alebrijes , unas fantásticas esculturas en madera tallada, cartón piedra o papel mache y alambre. Estas esculturas representan a animales o demonios fantásticos, siempre pintados con colores muy fuertes - “bien chillones como dicen ellos” -; el origen no esta muy claro, algunos dicen que es la creación original de un artesano cartonero del Distrito Federal Don Pedro Linares quien en 1936 en un delirio producto de una grave enfermedad sueña con estos seres o personajes, que le dicen en el sueño que eran «alebrijes», y este después de sanar plasma los alebrijes como artesanías. Otros dicen que en Oaxaca los indígenas mixtecos y zapotecos siempre hicieron figuras como los famosos alebrijes de Linares, de hecho existen cerámicas precolombinas que parecen alebrijes( sobre todo representaciones del dios murciélago camazotz) ; pero sin duda en las últimas décadas con el éxito y fama mundial que han alcanzado los alebrijes mexicanos, hoy existen poblados en Oaxaca que se dedican principalmente a la confección de estas artesanías como San Martín Tilcajete y San Antonio Arrazola.

Pero básicamente se pueden ver dos tradiciones en la confección de alebrijes, unos de madera tallada y pintada al estilo zapoteco; y otras de cartón y alambre también pintados al estilo del DF. Cuando vivía en México, vi varias veces a artesanos o gente común y corriente fabricar su alebrije, desde entonces siempre quise confeccionarme uno pero nunca me dí el tiempo, ni tuve la paciencia de hacerme uno.


Pero hace un par de años decidí hacer mi alebrije para hechar afuera mis demonios, sentía que era como una necesidad y comencé a hacer un esqueleto de alambre, de una especie de dragón, dinosaurio, demonio, con alas de murciélago, formas populares en el arte de los alebrijes, mientras le daba forma a mi alebrije, pasaban cosas en mi mente, como sucede con todo acto creativo creo yo, pero esta operación era como un acto de arte alquímico transmutador, o un acto de psicomagia al mas puro estilo de Jodorowsky , estaba exorcizado mis malos pensamientos y bajos instintos; mis ansiedades y frustraciones, y lo que buscaba era sacar todo esto afuera y de manera simbólica y operativa ir templando mi voluntad, - como lo representa el arcano de la fuerza en el Tarot - mi intención era domar la bestia, tomarla firmemente sus fauces, y controlar los deseos o como dicen los masones renunciar al vicio que “es el habito de contentar nuestros deseos”. Con todo esto he reflexionado que en mi vida errante me muevo principalmente por instinto, evitando el dolor o lo desagradable, y siempre acomodándome en lo apacible y agradable, evitando enfrentar los conflictos y las asperezas de la vida, siempre motivado por mis pasiones, siempre a la deriva, siguiendo espejismos, sin conducción, siempre experimentando, derrochando energía, esto no esta mal para el comienzo de la vida – me digo - es decir esta bien durante la primera etapa de exploración del mundo en la infancia y juventud, en donde se adquiere experiencia y conocimiento, pero aun que sea muy agradable no hay que quedarse pegado en esta etapa, como el arcano del Loco del Tarot; entonces tarde o temprano surge el imperativo de madurar, de plasmar lo que uno tiene adentro, lo que uno ha vivido y experienciado tiene sentido y utilidad para realizar en el mundo concreto y no solo en las ideas. Entonces uno pero comienza a proyectarse en alguna obra o misión de vida y dan ganas de concretar . Durante mi vida he cultivado poco la voluntad, y tal vez ahí esta mi desequilibrio, he creído poco mi propio cuento y mis capacidades, y me he acomodado en la volada, siempre experimental y distante, descomprometida, para ser mas “libre”, buscando siempre el placer, picoteando por un lado y por otro, en arte, política, antropología, ecología, miles de cosas mas, siempre desconcentrado, desparramado asistematico, poco eficaz.



Entonces que tiene que ver el alebrije con todo esto ?, creo que tiene que ver con los actos creativos, realizativos (performativos), con la magia de la manipulación de objetos y paralelamente las operaciones mentales de visualización y proyección de estos demonios subconcientes; hacer alebrijes es un acto sanador (una terapia artística) que salvó al propio Pedro Linares de la enfermedad y la muerte. También intuyo cierta relación simbólica de los alebrijes, con las representaciones de los diablos andinos el supay, de los mineros aymaras de Oruro, el representado en las mascaras de la diablada - presente en los carnavales andinos - que al igual que los demonios mesoamericanos y afroamericanos, diablos mestizos y sincréticos (el chamuco), que a pesar de que en cierta forma se tornan como un equivalente al diablo judeo-cristiano, este no es del todo una entidad intrínsecamente mala, demoníaca, sino mas bien puede representar lo instintivo, lo pagano, lo pasional, lo oculto, lo peligroso, lo carnavalesco, lo subconciente, lo indígena, lo no domado, lo no católico, lo no occidental, lo otro, lo milenario, lo ancestral, lo animista, lo mágico, lo oculto pero presente y vivo como una realidad paralela ala realidad oficial. Los supay o supaya en la cultura andina también son los ancestros, los espíritus de la wakas, la fuerza que da fertilidad a la chacra; son una fuerza viva de la tierra.

lunes, marzo 29, 2010

Una crisis de los Cuarenta no asumida.



Cuando cumplí cuarenta me lo tomé a la broma, me sentía igual, - pensé que la crisis de la edad ya la había sorteado sin ningún problema – y que solo me había venido un pequeño bajón como a los los 35, y pensaba que ya era un tema superado esto de envejecer; - pero no- , la verdad era que no le había tomado el peso. De los treinta a los cuarenta el tiempo se fue en un abrir y cerrar de ojos, y ahora de sopetón ya soy un cuarentón no asumido, - que no me daba cuenta – hasta que por una parte empece a sentir cambios en mi cuerpo, y me sentí cambiado – mas deteriorado – no me reconozco en el espejo – ese no soy yo, o no quiero ser así – me decía - ; ¿ que tanto es la edad?, ¿que tanto es mi mala vida?, - los malos hábitos - el sobrepeso por ejemplo, producto de mi ansiedad crónica. También me empecé a poner muy canoso de golpe, el cuerpo me quería hablar, al principio traté de tomármelo con humor y cantaba con mi hija Amelia: “cuarentin-tin-tin cuarentón-ton-ton... tu papito regalón...”, pero en el fondo el humor no me sanaba, su tinte tragicómico no me hacía ninguna gracia. Trataba de tomármelo con humor pero no podía, la chaucha me cayo de sopetón... y no me quedaba mas que asumirme, y saber llevar esta etapa de la vida, no niego que me provoca cierta angustia, estoy apegado a la juventud como lo esta toda nuestra civilización y cultura occidental, pero no me ha dado por teñirme, ni por intentar rejuvenecer mediante dietas milagrosas, ni cambios radicales en mi estilo de vida, pensar en eso solo me provoca mas estress del que ya tengo - y mas no lo puedo manejar - ; así que entre en la onda de ocupar la energía de forma mas dosificada no tan atarantada, evitar los derroches y desgastes innecesarios, creo que no hay que destrozarse por las puras, por eso ahora primero pienso antes de actuar, por ejemplo ahora evalúo si vale la pena tomar toda la noche, y andar con cruda el próximo día, entonces pienso primero si vale la pena, si hay algún brillo que lo justifique, sino no, No. Entonces me guardo, antes por ejemplo iba a todas, ahora ya no no estoy para esos trotes. Sin embargo aún tengo ganas de disfrutar – como siempre – pero como que siento también el peso de la sanción social, por ejemplo, el año pasado fui con mi hermano Jaime, Lily y mi hijo Emiliano, al recital de PANICO en la Blondie, y lo disfruté - lo pasé la raja -, baile slam casi frente al escenario, y en un momento estuve a empujones y manotazos en la rueda, con puros cabros punkies que me decían: buena tío, o buena tata, entonces sentí que estaba haciendo el loco, y que era el único canoso en la volada, y me dije para mis adentros esta es mi despedida de estas lides, mi hijo me miraba con un poco de vergüenza o incomodidad. ¿ Habrá sido una performance muy patética ?, me cuesta verme desde afuera, ¿ síndrome de Peter Pan ? - eso sí sería patético – me dije – así que tendré que envejecer con estilo – me dije -, madurar, aprovechar mi experiencia de vida. Ando en una transición incomoda, no estoy en edad de seguir pareciendo un eterno universitario inmaduro, pero tampoco quiero parecer un adulto maduro sometido, un apoderado, un oficinista, un profesional acartonado, pero tampoco quiero que me vean como un jipy o bohemio pegado en el pasado..., como muchos me ven, como un irresponsable crónico.

Entonces en este periodo me puesto a pensar y repensar tantas cosas, evaluar lo que he hecho y sobretodo lo que no he hecho con mi vida, y sencillamente me aterré, me vino la ansiedad, el desasosiego patológico, y las ganas de disfrutar..... que el mundo se va acabar!!!, pero me encontré lleno de compromisos y responsabilidades, lleno de apegos y desafíos, y me sentí frustrado, no derrotado... pero si cansado, fatigado, asustado, el tiempo se fué demasiado rápido; y aun no soy un experto en dosificarme, en guardarme, en cuidarme, mas bien me gustaba mi estilo descuidado y apasionado, obstinado y perseverante... pero perseverar no sirve de mucho si uno es muy disperso, y si uno da muchos palos de ciego. Esta bien esto de la experimentación, aprender del ensayo y el error, pero como que me he quedado pegado en los errores, en el desparramo, entonces ahora como que me entro un bajón, ahora que no se bien donde concentrar la energía.




El tiempo pasó en un abrir y cerrar de ojos, y todo parece recordarnoslo. El barrio cambio, los amigos cambiaron, los hijos crecieron, algo lo cambio todo de forma irreversible. Lo que pasó ya sucedió y no hay vuelta atrás; y las cosas seguirán cambiando, y la carga será cada vez mas pesada, es la ley de gravedad, o algo así; y yo no quería ser grave, ni tan serio. Pero ahora como que tengo la certeza de que es inútil gastar el tiempo en nostalgias, es tiempo muerto, estéril, ya desperdicie mucho tiempo recordando y revisitando el pasado. Fantaseando, arreglando el mundo y mi vida, en sueños. La realidad no esta tan mal, - es así simplemente -, de otro color, mas tenue, menos estridente, menos emocionante, mas monótona, mas piola.

El tiempo lento me acomoda mas, pero aun no me veo escuchando jazz y dejando de escuchar rock, pero si prefiero un buen vino conversado a los destilados uno tras otro. Si, quiero bajar las revoluciones y ojalá irme a vivir al campo, y visitar la ciudad y su acelere de vez en cuando. Esa idea me gusta.

Lo claro es que tengo que cuidarme, pero mi ansiedad desbocada - me hace comer como un demonio, y he engordado demasiado, y mas encima con el rollo de que no me puedo concentrar para trabajar y escribir, entonces, métale café y café, antojos y dulces, y ni aún así me siento estimulado; ni menos concentrado, todo esto me hace sentir mal, frustrado, desganado, y el solo saber que tengo que hacer dieta y hacer ejercicio entre tantas cosas, me estresa mas, y es un circulo vicioso.

Tal vez la madurez para mi es eso, el proceso de aprender a dosificar energías y deseos - templar mi voluntad- disciplinarme de buena gana – voluntariamente – sin sentirme sometido o derrotado – y finalmente creerme el cuento del maduro– para ser mas certero, eficaz, productivo, confiable – para solucionar los problemas animado, confiado y feliz.

martes, febrero 09, 2010

Mis Abuelos en México




Mis abuelos vinieron a visitarnos a México en el verano del año 1982. Recuerdo que llegaron con sus rostros iluminados y sonrientes. Mi madre también estaba luminosa, radiante. La felicidad llego a raudales a nuestro departamento de Copilco 300, un condominio de la zona sur del D.F., frente a la U.N.A.M. en pleno barrio universitario, en donde vivían preferentemente refugiados políticos sudamericanos como nosotros. Copilco era una colonia nueva en ese entonces, recién urbanizada con edificios y calles nuevas, y muchas obras de construcción que se iban plantando sobre los pedregales de lava volcánica y manchones verdes de frondosa vegetación semitropical.

Viajar a México para mis abuelos era un sueño hecho realidad, un sueño que compartían con mi madre que escogió a esta tierra para asilarse y buscar rearmar su vida deshecha después del golpe de estado en Chile. Mi madre y mis abuelos compartían ese imaginario de un México de charros, mariachis y canciones rancheras, el imaginario de las películas mexicanas de los años cuarentas y cincuentas, de Jorge Negrete, Pedro Infante, María Félix, Dolores del Río y tantos otros ídolos que aun resuenan en el campo chileno.

De bienvenida a mis abuelos, el barrio universitario les brindó un energético temporal con truenos, relámpagos y granizos. Mis abuelos venían a conocer a su nieto mexicano, que recién cumplía dos años - mi hermano Jaimito - que era un bebe exquisito; y su padre Jaime, el antropólogo mexicano estaba contento y radiante con su primogénito; Jaime todavía vivía con nosotros, y la relación con mi madre pasaba por un buen momento; sin duda, ese año era un año muy bueno, una año feliz y todo se estaba dando bien.

Nosotros estábamos de vacaciones, y salimos a recorre la ciudad con nuestros flamantes abuelos, ambos saludables, radiantes, esbeltos, cariñosos, una pareja muy linda, que llamaba la atención de todo el vecindario. Parecían actores de cine, muy elegantes, Mi abuela de pañuelo de seda al cuello, ambos de sobreros y gafas para el sol.

Recien llegados a México a mis abuelos no les costó nada hacerse de amigos en el vecindario; les gustaba salir de compras y conversar con todo el mundo, con el señor que vendía paletas, el barbas, con la señora que vendía tortillas en la calle, ellos tenían el don de la conversación amable y cortes, y así se hicieron amigos del Señor Lemus, el dueño de la Farmacia, a donde acudía mi abuela a comprar sus remedios. Mi abuela andaba comparando los remedios disponibles en Chile con los disponibles en México, y traía la cartera llena de pastillas Valium que traía de Chile, y se las enseño al señor Lemus diciendo, - tiene de estas pastillas - y el le dijó: - “Señora con eso que usted trae ahí puede hacer volar a la mitad de México” - y se largaron a reír; en tanto, mi abuelo se hizo muy amigo de un señor dueño de una taquería chiquitita “Carnitas Michoacanas”; este señor tendría la misma edad que mi abuelo, y conversaban sobre cine mexicano, política y deportes, a este señor le gustaba mucho el box, y conversaban, y reían , y un día mi tata Alejandro dijo voy y vuelvo y se arrancó con este señor a parrandear por allí, sin decirle a nadie, solo se que llegó tarde, y que la Abuela estaba muy preocupada, pero no se enojó cuando llegó, solo le tiraba tallas y mi abuelo se reía sin decir nada sobre su arranque; estaban los dos contentos disfrutando del viaje, con su gringa (mi madre) y nosotros sus nietos.

Luego Jaime invitó a mis abuelos a comer al restaurante el Arroyo, fuimos todos y lo pasamos genial, era un lugar muy entretenido estaba en las afueras de la ciudad y tenía un estilo charro, con mariachis y con una mini plaza de toros. Mi madre guarda aun las fotos de esa mesa larga, bien servida, con sus tequilas, aguas frescas y donde estamos todos sonrientes. Recuerdo que también fueron a las ruinas de Teotihuacán, fueron todos menos yo, por que me había peleado con mi madre ( no se por que, no me acuerdo, no tenía mucha importancia) el asunto es que no fuí con ellos, y yo quería ir, mi madre todavía conserva unas fotos geniales de mis abuelos en las piramides.

Después nos fuimos todos juntos a un viaje maravilloso a Acapulco, y después fuimos a San Miguel de Allende; recuerdo que en el camino, de noche, nos agarró una tormenta tropical, con mucha lluvia, mi abuela iba muy nerviosa en el auto, por que el camino estaba lleno de curvas y había muy poca visibilidad, entonces le gritaba a Jaime, - ¡¡¡ cuidado; curva peligrosisima !!! - por que había visto un letrero de precaución por una curva cerrada; Jaime y mi madre se rieron, luego todos nos reímos; pero después se vino una granizada tremenda, caían como pedradas y yo creía que se iban a romper los vidrios del auto – un Pacer de los setentas que parecía nave espacial con unos vidrios curvos inmensos – un auto que yo consideraba muy inseguro, sobretodo por que yo iba atrás en el porta maletas justo debajo de un cristal inmenso donde rebotaban los granizos gigantes, y estaba aterrado, y me tire sobre mi abuela que agarraba un rosario y se ponía a rezar. Jaime al volante con los nervios templados bajo la velocidad sin detenerse, para que no nos chocaran por atrás, no había nada de visibilidad y había que adivinar para no salirse del camino. La tormenta pasó, y luego todo se convirtió solo en una aventura del viaje.

Mis abuelos fueron invitados a casa de los abuelitos mexicanos, los papas de Jaime. Ese fué un gran acontecimiento, se llevaron de maravillas y congeniaron muy bien, fue una larga tarde de domingo hasta avanzada la noche. Reímos todos juntos, lo recuerdo como un momento muy feliz.

viernes, octubre 09, 2009

Sopa de Campo


Desierto de Atacama,
Noche desolada,
rebaño de estrellas,
viento invernal...


Refugiado en la casa solitaria,
paredes de adobes
techo de quincha y barro,
pico una cebolla
y unos dientes de ajo,
los sofrío en mantequilla,
comino picado,
pimienta negra,
merken ahumado,
y le hecho un chorro
de salsa de soya
que chirrea
en el fondo
de la olla,
le agrego agua hirviendo
y un chorro
de aceite de oliva...


Luego frotando las manos
le agrego orégano fragante
recién molido...
La sopa suelta el primer hervor...
la apago...
Pienso y espero...
En silencio sorbo de mi sopa...
añorando mi hogar.

martes, julio 07, 2009

Del Chupón al canasto:

Sin duda una de las plantas nativas características del Sur del Chile es el Chupón (Greigia sphacelata). Esta especie silvestre se distribuye en forma natural a lo largo de la franja litoral y la cordillera de la costa, desde la Zona Central hasta Chiloe. Sin embargo, el chupón - como casi todas las especies nativas - fue ampliamente conocida y usada desde tiempos inmemoriales por los pueblos indígenas, desde la época en que los primeros cazadores-recolectores exploraron los espesos bosques australes y el litoral, en busca de alimentos y materias primas. Seguramente estas sociedades “primitivas” ya se habían fijado en las propiedades alimenticias del Chupón; y encontraron la forma de aprovechar sus resistentes y fibrosas hojas. Es muy probable que la fibra del chupón, junto a otras fibras vegetales se haya usado en la confección de los primeros cordeles y canastos tejidos de la región.






Hoy los mapuches de la costa (o lafquenches) son los continuadores de esta antiquísima tradición, ya que conocen y usan la planta del chupón para confeccionar sus característicos canastos. Los Lafquenches llaman a la planta del chupón niyu, y a sus flores niyu rayen, pero los frutos también reciben el nombre de niyu. Lo mismo sucede en castellano, los frutos de la planta también se llaman Chupones. Los frutos del Chupón son más conocidos que la planta misma, ya que son unas bayas comestibles, que contienen una pulpa dulce y muy jugosa, y unas diminutas semillas. Para comer la pulpa del chupón es necesario morder el extremo del Chupón para abrirlo y luego presionar con los dientes la baya mientras se tira hacia afuera, (es algo similar a la técnica del comer alcachofas) y se chupa la pulpa. El comer chupones no es solo algo sabroso, si no que también es algo muy entretenido.




El chupón como fruto silvestre, es cada vez menos conocido por los santiaguinos modernos. Antes, se estilaba traer del Sur los cogollos cargados de chupones; para deleitar con su sabor, a los nostálgicos sureños radicados en la capital. Algunas personas - seguramente por curiosidad- han podido probar los chupones. Pero sin embargo, no podrían reconocer la planta aun que la tuvieran frente a sus narices. El chupón a los ojos del citadino podría parecer un fruto muy “exótico”; ya que esta acostumbrado a consumir siempre los mismos productos (en su mayoría envasados o muy elaborados) y por lo tanto no esta familiarizado con los productos silvestres. Pero sin embargo, en rigor el chupón no es “exótico”, sino que todo lo contrario es un fruto silvestre nativo. Es decir, tan chileno como los maquis, los peumos o las murtas. Pero el común de la gente, suele pensar que las moras, las frambuesas y la rosa mosqueta son plantas silvestres chilenas; siendo estas en realidad plantas exóticas, que fueron introducidas desde otras latitudes, y que ahora, son más conocidas que las propias especies nativas de nuestro país.

Sin embargo el Chupón fue ampliamente conocido por los pueblos indígenas; ya que recolectaban. Sus dulces bayas - conocidas como chupones -, son todavía una de las golosinas predilectas de los niños mapuches. Ellos recogen los chupones, cuando las bayas están maduras y se desprenden fácilmente; ya que cuando aún están verdes, son difíciles de arrancar de la planta. El sabor de los chupones es muy rico, ácidulce y refrescante. Antiguamente, los mapuches usaban estos chupones fermentados para elaborar una rica chicha . Cuentan, que esta bebida era muy fuerte y algo parecida al sabor de la chicha de pera. También los mapuches cuentan, que antes los “antiguos” Hacían una harina tostada en base al chupón, la cual acostumbraban comer en forma de ulpo, de la misma forma como hoy todavía se consume la harina tostada de trigo.
Pero el chupón además de ser un rico alimento; es también una buena materia prima para la cestería; ya que los pueblos originarios utilizaban sus resistentes fibras para hacer cordeles y diversos tejidos Esta tradición artesanal todavía se mantiene vital tanto en la región de la araucanía, como en Valdivia y Chiloe.

Todavía hasta el día de hoy, las mujeres mapuche lafquenches de la localidad del lago Budi - en la costa de la novena región -, siguen utilizando esta planta para confeccionar sus hermosos canastos. Muchos de estos tejidos siguen antiguos diseños mapuches, reproduciendo una tradición cultural que se hereda de generación a generación.
Estos canastos llamados chaywes por los mapuches, se confeccionan para cumplir distintas funciones utilitarias, como por ejemplo: se hacen chaywes resistentes para la cosecha de las papas, así como chaywes de tejido muy apretado y con tapa para guardar harina tostada, o chaywes con un tejido abierto formando una maya flexible y resistente para salir a recoger mariscos.
Hoy en día, la mayor parte de los canastos hechos de fibra de chupón se destinan a la venta; y son principalmente comercializados por las propias artesanas en los meses de verano, cuando aumenta el flujo de turistas en la localidad del Budi. En muchos casos, la venta de canastos es una forma de solventar en parte, la debilitada economía doméstica de muchas familias mapuche-lafquenches. Esta precaria situación económica se podría explicar en gran medida, al hecho de que las comunidades lafquenches han tenido que vivir “reducidas” durante varias generaciones, es decir han sido confinadas a un territorio delimitado ( la reducción), y este territorio como es lógico, con el paso de los años se ha vuelto cada vez más estrecho, ya que la población ha crecido, pero las tierras siguen siendo las mismas; y aún más, estas tierras se han ido subdividiendo cada vez en parcelas más pequeñas, dedicadas principalmente a la agricultura de rulo y la crianza de animales de corral, complementando con la pesca y la recolección de mariscos y algas del mar. Así el chupón pasa a ser también un recurso complementario de la economía de subsistencia de los mapuches-lafquenches, quienes utilizan este recurso natural y lo transforman, mediante un largo y paciente proceso de trabajo que implica la selección del recurso, su recolección, y los procesos de desfibración y el tejido propiamente tal, que demandan además de la habilidad y la minuciosidad de las manos que crean estos preciosos canastos, que se venden en los almacenes de Puerto Saavedra y en muchas ferias artesanales a lo largo del país.
Las tejedoras de fibra de chupón en el Budi, han adaptado muchos de sus diseños tradicionales lafquenches a los requerimientos y gustos del comprador urbano y el turista. Es así, como cada vez se hacen menos chaywes Lafquenches y se hacen mas canastos para colgar maceteros y otros diseños que son “más vendibles”.
El problema es que este tipo de arte tradicional ha sido subvalorado, y no ha sido apreciado en su real dimensión. Por lo tanto las artesanas, se ha visto cada vez mas inclinadas hacia la “necesidad” de adaptar sus diseños tradicionales; y transformarlos en piezas destinadas al “gusto” o las “conveniencias” del comprador, que demanda piezas de un costo “mas bajo”. Es así como la venta de estos canastos están dirigidos a un publico masivo, mas que selectivo. Es decir, se privilegia la estrategia de tejer una mayor cantidad de canastos, más chicos, más baratos y al gusto del intermediario o de un público que no aprecia el valor del contexto cultural en el que se produce esta artesanía. En lugar de producir menos canastos de mejor calidad, conservando estilos mapuches-lafquenches, y obteniendo mejores precios de venta, con más valor agregado, y ojalá evitando intermediarios en la comercialización. De esta forma se podrían ahorrar tanto recursos naturales como también hacer mas optimo el tiempo de trabajo. Este tipo de artesanías se merecen compradores que sepan apreciar, tanto el valor étnico cultural que esta detrás de las hábiles manos de la artesana, como el valor del recurso natural silvestre y nativo con el cual se confeccionan estos canastos. Este es el dilema, encontrar la justa medida en la compraventa de estos productos, y que el precio recompense tanto el trabajo implicado en el arte tradicional indígena y al mismo tiempo se considere el valor de un recurso natural cada vez más escaso y valioso.

Quizás la única forma de valorar de una forma mas justa o equilibrada la artesanía que producen las comunidades indígenas, sería informando al los potenciales compradores y consumidores de arte tradicional indígena, de los valores implicados en estos productos.
Un publico menos informado de lo que esta comprando en cierta forma subvalora el producto, ya que no conoce el contexto cultural de su fabricación. En cambio un público mas informado sobre el producto, puede valorarlo más y seguramente estaría dispuesto a pagar más. Posiblemente un público selectivo que pueda valorar y pagar más por obras de mayor calidad y por supuesto de mayor valor étnico, cultural y natural agregado.
Lamentablemente, la mayoría de estos canastos son comprados a un bajo precio por comerciantes e intermediarios, quienes aprovechan el apuro y la necesidad de vender que tienen las tejedoras, - sobre todo en los meses de invierno- para comprar a un buen precio, y después obtener una buena utilidad en la reventa.. Sin duda el precio que se les paga a las propias artesanas por sus canastos, no recompensan en medida alguna la gran cantidad de tiempo y esfuerzo que se dedica al tejido, sin embargo estas mujeres siguen haciendo sus cestos a pesar de que no sea un buen negocio.
Lo interesante es que si usted algún día llega a tener en sus manos un canasto de fibra de chupón, de junquillo, de ñocha o voqui, entre sus manos, piense que seguramente ese canasto procede de las manos de alguna artesana mapuche, y que en sus tejidos están también amarrados los conocimientos profundos de un pueblo que ha sabido manejar con respeto los recursos naturales de esta tierra.
Texto y Fotos: Guillermo Molina Holmes, 1999. (CC).